La marea se llevó mi sangre

 

Y con ella, el amor derramado.

 

Tu boca bebió mi esencia

 

Y se fue con las olas, en pecado.

 

Tu boca mordió mi boca

 

Y mi lengua bordó tu pecho

 

Pronto fuimos esclavos

 

De una pasión prohibida.

 

Exiliados del mundo en un lecho.

 

Nos amamos de proa y popa.

 

Nos sacudió el silencio.

 

Tu carne fue mi prisión

 

Y mi carne tu hoguera.

 

Me creí un conquistador

 

Señor de todas las estrellas.

 

Pero perdí el horizonte

 

Y me venció tu ausencia.