Sentires 8 Sentires Sentires 10
DESTRUIDO
Había destruido todas las señalizaciones y cada mapa de los caminos
que me llevaban hacia el calor de tus dulces labios carmesí, al rebosante vacío
que alojado entre tus brazos esperaba a su otro vacío entre mis brazos, a las
humedades de tu cuerpo a la hora del amor .
Había diseñado ochenta tácticas, veintitrés estrategias y
dieciocho planes para alejarme años luz o siglos sombras, de todo lo que me
arrimaba a tu recuerdo.
Había detenido trescientas tres veces a mis inquietas manos de
peores dedos cuando desesperados en su abstinencia, intentaban marcar tus
gloriosos números en el teléfono de mis días y de mis noches.
Había amputado de cuajo a las alas de mis pájaros para luego
encerrarlos en jaulas de diez candados antes de verlos en eterno vuelo
recorriendo distancias de escándalo en pos de hallarte, no importa como, ni
cuando, ni donde, ni con quien, pero hallarte.
Había conseguido sobornar al húmedo brillo de mis ojos y a los
latidos de mi corazón para que la indiferencia los inste a no observarte, a no
esperarte, a no quererte, a no desearte con estos deseos enfermos que se
enredan en los huesos y apretujan a mi alma.
Corté las yemas de mis dedos con un cuchillo oxidado y encadené
mis manos al pie de la cama para no escribirte una sola palabra más, pero todo
había sido en vano... el cielo es cielo a pesar de que la luna lo hace noche y
el sol lo descubre día.
Mientras más fuerza utilizaba en no recordarte, mientras el deseo
de borrarte de mi historia se alzaba con más ímpetu, más violenta y poderosa se
levantaba la polvareda de tu imagen, más pronunciados eran los contornos de tus
te amo perdidos en la solapa de ese adiós, más sola se tornaba mi soledad
helada bajo las sábanas de tu olvido.
Había creído y perjurado que bastaba solo con desearlo y
desaparecerías de cada rincón de mi existencia y así el dolor se diluiría.
Había invertido cientos de madrugadas, miles de horas, buscando
fórmulas secretas, pociones mágicas, recetas caseras, para disipar tu
presencia, o tu ausencia presente.
Había convertido a mi cama en el sangriento escenario de
lujuriosas batallas en las nuestros cuerpos ardian en oceanos de amor o placer.
Lo había logrado todo, pero irrumpiste en mi oscuro valle una
tarde de diciembre, porque el destino es cruel y mata, con tu anular ocupado y
tu vientre en flor, y tus besos extraños, y tu amor sin mi amor pero gigante y
poderoso... hola dijiste y te amo callé.