Cada mañana,

El despertador me arranca de tu lado,

Irrumpe violento en mis sueños,

Cortando el leve hilo que aun me cose a tu cuerpo,

Todavía, en un último instante,

Rozo tu piel cálida y suave,

El mapa que me dicta tu anatomía,

La patria que abandono,

Absurdo exiliado ocho horas cada día...,

Ocho horas salvadas en el recuerdo de un beso,

Tu tacto, tu sabor en mis labios,

Tu dulce nombre sellado en mi garganta,

Tu cuerpo intenso, impreso en el recuerdo,

Tu piel: la bandera. Mi bandera,

La enseña de mi patria

Que sueño y que me sueña

En mi gris, eterno, absurdo exilio.

Ocho horas que ya nacen tras la puerta.