Sonreíste ayer discretamente

Con la verde música del viento.

Tu imagen fluyendo como cascadas

Por mis ojos abstraídos, encarcelados

Examinando la superficie de tu cuerpo.

In conocer tan solo aquel de pila

Examiné tu remoto rostro,  me escondí en tus labios

Hice cascadas con tu sombra

Cascadas con tu piel, cascadas de miel

De hiel, y con mi piel tejí tu alfombra.

Déjame la alegría de mirarte a hurtadillas siquiera sin tocarte

Solo con el débil tacto de mis dedos que acarician sin piedad,

Acarician el viento que me separa de tus formas mismas

Que improvisadamente reclaman en mis sueños por verte.

Esperanzado estoy ahora en un después

En el improbable mirar de tus ojos enervantes

Encerrado en el enigma de tu nombre indescifrable

Intrincado y oscuro, lejano como tu ser indescriptible

Hermoso y apacible.

Todo es esperanza, alimento para ese después del tiempo.

Donde las caricias son un derroche

Siempre ese absurdo "mañana tal vez, quizá"

Quizá llueve mañana ¿y que?

Tú perteneces a la lluvia y yo a la noche.

No puedo acercarme, no me atrevo

Algún día, sí

¡Basta!

Siempre ese mismo absurdo

¡Ya!

Mejor otro tema: sí,

Tus ojos profundos, que reflejan enigmas de otros tiempos

El cause de tus labios precisos, calmados, sugieren países exóticos.

Desvíalos, tus ojos también y mírame.

Haz que me pierda en la paz de tu rostro, que sueñe con noches calidas.

Deja amarre mi barca a las costas de tu hermosura,

Que descanse mi alma cansada en el remanso de paz de tu ser

Conóceme, reconóceme

Reconócete aquí en mis palabras, en mis sueños

En mis ojos tal vez donde pasan inclementes las horas

Donde te espero sin tenerte, sin conocerte.

Déjame recorrerte ahora mismo con la mirada

Y por tus mejillas resbalar como tus lágrimas

Y deja que sea un después, deja que ocurra

Deja que escurra mis dedos por tus pómulos desnudos

Ahí donde no trascurre el tiempo

Donde el después será un nosotros.

 

Un abrazo de un amigo que te estima.